JACKIE PAYA VELASCO, LA INDIGENA PAEZ QUE DEJÓ DE SER INVISIBLE

Jackie Paya Velasco tiene 35 años, cuatro hijos, tres de ellos con su esposo y el otro de su hermana quien murió dejándolo huérfano. La primera decisión que tomó dentro de su proyecto de vida fue no tener muchos hijos.

Paya Velasco trata de inculcar a las niñas de su comunidad que no vinieron al mundo solo a ser mamás, sino a desarrollarse en otros campos y expresa que aunque respeta su cultura, no está de acuerdo con traer tantos niños al mundo como ocurre con sus pares, algunas hasta con 23 hijos.

La diferencia en la forma de pensar de esta indígena Páez radicó en que su papá, también indígena del Cauca, vivió algunos años en el departamento del Meta y modificó así el patrón cultural, porque entendió que empoderando a sus hijas en el territorio se podían escribir historias diferentes.

Jackie solo estudio hasta séptimo, su papá le explicó que tenían que darle la oportunidad a otra de sus hermanas para así brindar las mismas condiciones a todos sus hijos. Se casó y desde entonces es la notaría de su hogar al ser la única que escribía y leía.

Su papá la ánimo y la metió en el mundo de la asociatividad, es otra de las beneficiarias directas del proyecto fortalecimiento de capacidades productivas socio empresariales y comerciales de la Asociación ACEGDA que lidera el Banco Interamericano de Desarrollo, BID y que desarrolla desde lo técnico la Cooperativa de Caficultores del sur del Tolima, Cafisur.

La inversión total del proyecto supera los $1.180 millones de pesos, de los cuales 603 millones de pesos son los aportes a través del BID y entregados a través del Fondo Colombia en Paz, vehículo financiero de los recursos de la paz, y 577 millones de pesos como contrapartida.

En su finca tiene sembrados 2.500 palos de café, aplica la caficultura ultra sostenible – certificaciones de los sellos de calidad Rainforest Alliance, Orgánico y comercio justo, como se lo han enseñado en las capacitaciones a las que asiste de manera regular.

En su vida cotidiana Paya se levanta a la madrugada, despacha a sus hijos para la escuela y sin importar las inclemencias del clima arranca para la finca donde está su esposo y cultivan frijol, son 40 minutos a píe. Llega y hace el desayuno y almuerzo, ayuda con las labores del campo, disfruta de su pareja, de ese otro entorno. Discute el uso de pesticidas y otros químicos, no está de acuerdo y busca alternativas para que eso no ocurra.

Ahora están enfocados en un nueva parcela en donde empezarán de cero, pero fue enfática al afirmar que antes de iniciar con los cafetos se asesorará con los técnicos de Cafisur, para así no cometer los errores que pueden prevenirse, no quiere además el uso de un solo químico. La lección está aprendida y no le fallará a la madre tierra.

El papel de esta mujer en Gaitania y sus veredas es invisible, pero poco a poco permea la cultura y sus tradiciones y es desde ese cambio de pensamiento como se logra la transformación de pensamiento al interior de la misma comunidad.

Un cambio que inició desde su padre y que su esposo comprendió. Unos hijos que espera pasen del grado once, sean agrónomos o alguna ciencia que tenga que ver con la tierra. Unos hijos que no sean papás a temprana edad y les permitan a sus parejas desarrollar en el sector que ellas quieran.

Por: Oscar Viña Pardo.