Fondo Colombia en Paz

Cali y Buenaventura, 1 de octubre de 2025 – En un Pacífico colombiano azotado por el cambio climático y las secuelas del conflicto armado, las comunidades afro de Bahía Málaga han alzado la voz para reclamar su rol como guardianes de la selva.

Durante el conversatorio «Un Valle del Cauca Resiliente, en Ruta a la E2050», organizado por la Gobernación del Valle del Cauca en el marco de la Semana de la Biodiversidad, el Consejo Comunitario de La Plata presentó un innovador modelo de monitoreo y restauración ecológica que fusiona el conocimiento indígena con herramientas digitales de vanguardia.

«No solo protegemos el bosque; lo hacemos nuestro, con los ojos de nuestros ancestros y la precisión de la ciencia», resumió Bernardo Orobio Riofrio, coordinador del proyecto.El evento, celebrado en Cali, sirvió de escaparate para una iniciativa que trasciende la mera conservación: es un acto de resistencia y empoderamiento para unas comunidades que custodian 38.037 hectáreas de ecosistemas estratégicos en el puerto de Buenaventura.

La Plata, Miramar, La Sierpe y Mangaña, los cuatro enclaves que conforman este territorio colectivo, han implementado un sistema de vigilancia que combina patrullajes tradicionales con tecnología no invasiva.

En su fase final, el proyecto ha instalado cuatro transeptos de 250 metros y ocho cámaras trampa, que han capturado la presencia de 47 especies de aves y mamíferos. Entre ellas, destacan el mono capuchino, la guagua –un felino endémico de manglares–, la pava del manglar y el imponente puma concolor, conocido como el «león de montaña».

Estos avistamientos no son solo datos; son pruebas vivas de una biodiversidad que late a pesar de las amenazas. La ambición del programa no se detiene en la observación. Con una inversión que supera los 2.000 millones de pesos –de los que el 75% proviene del Programa Colombia Sostenible, financiado por el Fondo Colombia en Paz y el Banco Interamericano de Desarrollo–, las comunidades han sembrado más de 97.700 árboles en cuatro viveros comunitarios.

Además, han enriquecido 400 hectáreas de bosque con especies nativas y trazado 38 rutas de control y vigilancia a lo largo de 2025. «Es una restauración activa que devuelve la vida al suelo herido por la deforestación y el olvido», explicó Orobio Riofrio, subrayando cómo los saberes ancestrales –transmitidos oralmente por generaciones– guían la selección de plantas y los rituales de siembra.

Mary Gómez Torres, directora del Programa Colombia Sostenible, no escatimó elogios durante el conversatorio. «Esta combinación de restauración activa, vigilancia participativa y nuevas tecnologías posiciona a las comunidades afrocolombianas del Consejo Comunitario de La Plata Bahía Málaga como un referente en la conservación del Pacífico», afirmó. Para Gómez Torres, la protección ambiental no es un lujo, sino «clave para el desarrollo sostenible de estas poblaciones, que han sufrido históricamente la marginación y la violencia».

El Programa Colombia Sostenible, una iniciativa del Gobierno nacional ejecutada por el Fondo Colombia en Paz, encarna esta visión integral. Con el respaldo de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (operación 4424/OC-CO), cofinancia unos 200 proyectos agroambientales en los 170 municipios priorizados por los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET).

Estos esfuerzos benefician a 37.000 familias rurales, con la colaboración de ministerios como Agricultura, Ambiente y Hacienda, el Departamento Nacional de Planeación (DNP), APC-Colombia y la oficina del Consejero Comisionado de Paz. El objetivo: tejer un tapiz de paz y sostenibilidad en regiones marcadas por el posconflicto.

El Fondo Colombia en Paz, nacido en 2016 tras la firma del Acuerdo de Paz y regulado por el Decreto Ley 691 de 2017, actúa como el eje financiero de esta maquinaria. Su misión es garantizar la eficiencia en la ejecución de recursos del Plan Marco de Implementación (PMI), focalizando inversiones en la implementación del Acuerdo Final.

En Bahía Málaga, ese fondo no es solo dinero: es el puente entre la memoria colectiva de un pueblo y un futuro donde la selva –y sus guardianes– sobrevivan.

Mientras el mundo debate metas globales como la E2050, estas comunidades del Pacífico colombiano ya trazar su ruta. En un conversatorio que resonó con cantos ancestrales y datos satelitales, Bahía Málaga no solo presentó un modelo; recordó que la verdadera resiliencia nace de la tierra y de quienes la habitan.

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